En algunos mitos, los espíritus a veces tienen plantas útiles cuyo monopolio se reservan hasta el día en que alguien —hombre o animal— les roba unos granos. Según cierto número de versiones, el héroe civilizador se las habría regalado a los hombres: él mismo las habría robado a algún animal o ser que era su poseedor.

En cambio en algunos otros mitos se establecen una correspondencia estrecha entre las plantas cultivadas o silvestres que proporcionan alimento al ser humano. Se trata unas veces de un ser misterioso que, golpeado, deja caer frutos o tubérculos a su alrededor, otras veces de un hombre o de una mujer que, muertos y enterrados, se transforman en plantas útiles; ejemplo de ello es el origen de la planta de Calafate
No hay comentarios:
Publicar un comentario